Entrevista a José Corbacho

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Entrevista a José Corbacho23042008 Entrevista a José Corbacho Por Rosi Legido No es un metro ochenta, muy probablemente no tenga marcada la llamada tableta de chocolate, ni lo pretende; pero Corbacho resulta mil y mil veces más atractivo que toda una colección de aspirantes a Mister España; porque él poco tiene que ver con su imagen mordaz, sarcástica y casi histriónica a la que nos tiene acostumbrados en la pequeña pantalla. Es de ésos que cuando hablan, los demás callan, porque gusta oírle y todo lo que dice suena inteligente. Sentados en un banco en una comercial calle madrileña, por momentos el sol nos regala apetecibles rayos que incitan las ganas de hablar, ésas que nunca le faltan a José. Se sienta de manera informal y vemos gente pasar como canta el bolero, aunque sin llover. No escatima en palabras ni en expresividad y da fe de esa sencillez propia que otros, dominados por la fama, dejaron en sus tiempos de anonimato. Acabamos de ver, aún por estrenar, su nueva película con la que repite junto a Juan Cruz en la dirección y guión. Cobardes es una historia de acosados y acosadores, de atreverse a hacer o a no hacer, de los que miran de frente y a otro lado, de miedos pero también de valentías.


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- A mí Cobardes me ha encantado. ¿Tendrá la misma aceptación que tuvisteis con Tapas?

Muchas gracias. Son dos películas muy diferentes y probablemente haya gente a la que le guste una más que otra pero ambas tienen mucha incomunicación. Tapas tenía ese tono entre el humor y el drama y ahora hemos cogido la línea del drama. La aceptación la dirá el público; ya no hay esa liturgia de ir al cine pero le hemos puesto la misma ilusión, cariño y amor que en la primera.

- Cobardes no cuenta sólo el miedo del acosado escolar, nos hace ver que todos somos cobardes en la vida de mil maneras diferentes.

Queríamos que detrás de cada uno de los personajes hubiera una historia, por eso en Cobardes todos lo son, pero también valientes en algún momento. Son personajes superados por situaciones de las que se habla. Es un retrato de la sociedad en la que vivimos. Todos somos cobardes no únicamente los niños que acosan a otros en el colegio, sino también los hermanos que su edad le da para meterse con su hermana, los jefes que presionan a los empleados, los directores de medios de comunicación que marcan la línea de las entrevistas políticas, las madres que saben todo y no hacen nada…

- Y son esos miedos cotidianos los que dan más miedo que cualquier posible ficción.

Sí, es diferente al del terror clásico como El orfanato o Rec, pero aquí la gente sale del cine con más mal rollo.

- ¿La solución es vivir como cobardes, ser valiente y dar la cara, poner la otra mejilla, ser acosado, acosador…?

Uno puede afrontarlo y agachar la cabeza que es lo que hace casi todo el mundo en la película; eso nos impide parar esta rapidez con la que vamos en el día a día y darle tiempo a la reflexión. Nos gustaría que los espectadores de cobardes sean valientes.

- En cuanto a planteamiento, me ha recordado a Te doy mis ojos de Icíar Bollaín, donde se narraba genialmente la violencia de género sin tener que ver dichas escenas. Vuestra película evita también mostrar imágenes.

Queríamos hacer una película real y cotidiana. Hay niños acosados que se suicidan pero por suerte la realidad es que la mayoría no, pero es más demoledor el sufrimiento de esos chicos. Llevarlo al extremo hace que la gente no se identifique, en cambio esto nos afecta más.

- ¿Cómo se trabaja con tanto niño?

Hickock decía que no había que rodar con animales ni con niños pero seguro que él lo pasó peor con alguna de las rubias con las que grabó. A los niños hay que tenerles concentrados pero como no tienen esa experiencia o la técnicas que pueda tener gente como Elvira Mínguez, Lluís Homar o Antonio de la Torre, pero tienen mucha frescura y su gestos o miradas le dan verdad a la historia. Ellos son los verdaderos protagonistas.

- Lo bueno y, se consigue, es que esos verdaderos protagonistas que me dices que son los adolescentes, se identificarán con la película. La banda sonora creo que también hace mucho por la labor.

Queríamos que sonaran temas que los chavales llevan en sus mp3, porque yo aunque lleve chandals ya tengo una edad y lo que escuchan los chavales ahora es diferente a lo que creemos que escuchan. El hip hop parece que no existe en España y es muy real. Les propusimos hacer a La Excepción el juego una canción para la película y es muy chula, le da mucha verdad.

- Pero también hay otros temas geniales.

Como Los fresones rebeldes que a lo mejor son más cercanos a nosotros pero tiene ese punto muy indie y próximo a la adolescencia.

- Es todo un acierto eso de que sean niños tan niños. Me refiero a que no son el típico adolescente conflictivo, éstos tienen unas caritas tan ricas que te los llevarías a todos a casa.

(risas) Claro, nos gustaba eso de que ni lo buenos fueran muy buenos ni los malos muy malos, como en la vida que te cruzas con gente que podría ser excelentísimas personas y resulta que son unos auténticos psicópatas o lo contrario, con gente con mala cara y es muy muy buena gente; como cuando hay una desgracia y alguien de la tele va a y los vecinos dicen eso de que era una persona muy normal. Bueno, este señor ha matado a sus seis hijos con un hacha, muy normal tampoco sería. Esa normalidad está muy en la sociedad y de puertas adentro nunca sabes lo que ocurre. Queremos que la gente vea al acosador como un buen alumno y el acosado también tiene su manera de ser…

- Como ese final de la película…

Para que la gente se pregunte qué está ocurriendo. Hace que te lleves la peli a casa o al trabajo. El final descoloca, es inesperado. La línea es muy difusa en ese sentido porque ni todo es blanco ni negro.

- Reivindicáis ese gris que existe.

Sí, la vida está llena de matices.

- El filme tiene humor, un humor oscuro, pero lo tiene. De no ser así es que sería un tema tan duro para una película…

La propia historia nos pide humor por liberar esa propia tensión que genera, pero lo pide en situaciones con diálogos coloquiales; si no crearíamos tanta angustia que la gente diría que vaya a ver la película tu tía.

- ¿Por qué ante situaciones así, la sociedad quiere imponer un culpable, los padres, los profesores… en lugar de ofrecer soluciones?

Cierto, y todos somos responsables en esta sociedad en la que vivimos, tanto los niños como los padres, los profesores, los psicólogos, los medios de comunicación… Vivimos en un entramado social y esa cosa individual que potencia esta situación nos hace olvidar este entorno. La película no quiere juzgar a nadie ni dar soluciones ni respuestas, hay muchas preguntas. No tratamos de generalizar porque es una historia de ficción pero queremos que desencadene un debate.

- Dará que hablar, eso seguro.

Eso es interesante y ahora que vamos todos tan rápido, hacer pausa para reflexionar en esta vida está muy bien.

- A mí después de ver Cobardes ya me da miedo que me llegue un mensaje al teléfono móvil.

(risas) Pero tampoco hay que criminalizar a las nuevas tecnologías, es como cuando se inventó el cuchillo, que unos lo utilizaron para cortar pan y otros para matar a alguien; lo que sí es verdad es que ante la complejidad de esas tecnologías como internet, los telefónos móviles… hay que ir con cuidado porque en manos de los que no están preparados es delicado, y los chavales no saben lo que es correcto o no. Si a nosotros que somos usuarios de esas herramientas y nos cuesta filtrar esa información, imagina a chavales.

- ¿Crees que el acoso escolar es un fenómeno nuevo? Porque yo creo que únicamente cambian los métodos.

Yo también. No hay ahora más casos que hace treinta años pero la tecnología ayuda a que sea más contundente. Nos preocupamos de que nuestros niños no usen ese cuchillo y les ponemos unos de Ikea para ellos, pero luego a los doce años les regalamos un teléfono móvil. Cuanto más compleja es la herramienta, más sofisticada es su utilización.

- No tiene nada que ver pero ¿dónde te has comprado esas zapatillas tan chulas?

Me las ha regalado mi hermana que, como ya sabe mi estilo, fue a una zapatería y dijo ‘esto se lo pondría mi hermano’ y la zapatera dijo ‘vaya hermano que tiene’.

- Lo diría pero acertó con ellas.

Sí, y a la hora de pagar con la Visa la dependienta dijo ‘ah, Corbacho, pues sí, seguro que entonces tu hermano se lo pondrá’. Son de Barcelona, una marca recuperada de nuestra nostalgia.


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